Martes dia dos. Se levantó temprano no la apetecía encontrarse con nadie. Hizo el ritual habitual, aunque esta vez la ducha fue más corta de lo habitual, últimamente las duchas solo la traían tiempo de reflexión y justo hoy era lo que menos quería. Se vistió y salió a la calle. Se puso unos cascos, bien grandes, era curioso, se pensaba que porque sus cascos fueran grandes podría no oír el exterior, pero se equivoca, también tenemos oídos internos. Dio al play y el destino volvió a jugar con ella, una canción, su canción “en tu espejo un testamento, no nos queda nada”. Sí ella sabía que era absurdo que probablemente también fuera la mitad de las canción de las chicas que tras una ruptura seguían queriendo a sus novios, pero es lo que tienen las canciones que todas te recuerdan a él, de repente tu vida se convierte en una banda sonora y todas las canciones se han quedado en un capitulo, y si sabes que un día le vas a olvidar, que cambiaras de capitulo, pero no sabes cuantas canciones pueden sacar hasta que eso ocurra.